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11-M: Juicio por el mayor atentado sufrido en Europa
El juicio por el mayor atentado sufrido en España y en Europa arrancó el 15 de febrero con tres años de investigación a sus espaldas. Sin embargo, lo hizo con las mismas dudas sobre la autoría y nuevas incógnitas sobre el arma homicida. La instrucción, llevada a cabo por el juez Juan del Olmo y la fiscal Olga Sánchez, no fue capaz de aclarar qué explosivo se utilizó para perpetrar la masacre. Además, sólo dos días antes de que arrancara la vista oral se puso sobre la mesa el dinitrotolueno, un compuesto que excluye el uso de Goma 2 ECO y que dejó todavía más cuestionada la versión oficial. Lo hicieron los peritos en un informe que tuvo que encargar el tribunal que preside el juicio después de que ni el juez Del Olmo ni la fiscal Olga Sánchez se hubieran preocupado antes de ordenarlo.
 
Empezó la vista oral con ese vuelco en la investigación y con el empeño acentuado de los medios de Prisa, y el ABC haciendo de escudero, por negar las evidencias. Ante el tribunal, presidido por el magistrado Javier Gómez Bermúdez y compuesto también por Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás se presentaron 29 procesados. La vista pública puso de manifiesto la ausencia de pruebas concluyentes contra muchos de ellos y no definió sus papeles en la trama confeccionada por la Fiscalía.
 
Fase testifical
 
Por la sala de la Audiencia Nacional pasaron 309 testigos y 70 peritos que ratificaron sus informes sobre diversos aspectos de la investigación.
 
Las declaraciones de testigos que reconocieron a los supuestos autores del 11-M dieron un vuelco al juicio y evitaron que Basel Ghalyoun fuera acusado de autor material de los atentados. La testigo que lo identificó cambió su declaración y reconoció en su lugar a Daoud Ouhnane, que se encuentra en paradero desconocido. Además, también se cayó de la lista de presunto autor material Abdelmajid Bouchar, puesto que la persona que dijo verlo en Entrevías se desdijo en el juicio y afirmó que a quien vio en realidad fue a Jamal Zougam. Sobre este condenado se dijo de todo. Uno de los testigos que lo identificó señaló que estaba en el segundo piso del vagón mientras a la Policía le dijo que estaba en el primero. Y otras dos personas más aseguraron reconocerlo, por lo que Zougam fue visto el 11-M en tres trenes diferentes al mismo tiempo y vestido de manera distinta.
 
Declaraciones importantes fueron también las de los policías que inspeccionaron la Kangoo. Uno de los agentes que se desplazó hasta Alcalá de Henares afirmó, tres veces, que la furgoneta estaba vacía. Asimismo, los guías caninos ratificaron que los perros no detectaron explosivos, a pesar de que luego se encontró un cartucho de Goma 2 ECO debajo de uno de los asientos delanteros. El policía aseguró que si la furgoneta hubiese sido utilizada por los terroristas para transportar las bombas, tal y como sostenía la Fiscalía, los perros lo hubieran percibido.
 
Los testimonios policiales sirvieron también para constatar que nadie vio el día de los atentados la mochila de Vallecas en la estación de El Pozo donde, según la versión oficial, se encontró.
 
Reveladora fue la declaración del confidente conocido por “Cartagena”, quien aseguró que el día 3 de abril por la mañana, la Policía ya conocía de la existencia del piso de Leganés. Y dijo que vio a “El Tunecino” hablando con agentes de la UCIE.  
 
También declararon como testigos en el juicio los etarras de la “caravana de la muerte”, aunque, como era de esperar, no aclararon nada. Gorka Vidal, Irkus Vadillo y Henri Parot se limitaron a responder negativamente a todas las preguntas con un escueto “no” o “no me acuerdo”. Gómez Bermúdez tuvo que recriminarles su actitud chulesca.
 
A quien también se vio obligado el juez a recriminar su actitud fue a la fiscal Olga Sánchez. No sólo durante la instrucción se negó a llevar a cabo varias líneas de investigación, sino que durante la vista oral no consideró más posibilidades que la preconcebida por ella y el juez instructor. Incluso llegó a enfrentarse con una víctima durante la vista oral. Perdió los papeles cuando su acusación contra “El Egipcio” se le vino abajo, y durante la exposición de su informe final de conclusiones criticó la actitud de los medios de comunicación independientes.
 
Mandos policiales
 
La insolvencia de muchos mandos policiales se puso de manifiesto durante la vista oral, no tanto por no haber podido evitar el atentado, sino porque fueron incapaces de dar respuestas a determinadas preguntas clave. Aunque el protagonismo se lo llevo el ex director de la Policía, Agustín Díaz de Mera. Éste se negó a desvelar al tribunal el nombre de la fuente que le habría indicado la existencia de informes que vincularían a islamistas y etarras, por lo que Gómez Bermúdez abrió un procedimiento contra él, procedimiento que ha acabado archivando el Tribunal Supremo. Aunque su comportamiento sirvió para que el PSOE y sus medios afines iniciaran una nueva campaña contra el PP.
 
Espectacular fue también la declaración del ex jefe de los Tedax, Sánchez Manzano. Entre otras cosas, confirmó lo que ya adelantó Libertad Digital: que la Kangoo entró en las dependencias de Canillas una hora antes de la que figura en los informes policiales.
 
Del “vale ya” al “da igual” el explosivo utilizado
 
El punto más controvertido del juicio fue el relativo al arma homicida. El tribunal se vio obligado a ordenar la repetición de los análisis químicos puesto que los trenes fueron destruidos dos días después de la masacre, así como los enseres de las víctimas, estos últimos, dos meses después del 11-M. Esta prueba, pues, era fundamental. De ella podía depender la inocencia o culpabilidad de muchos de los procesados, fundamentalmente de la “trama asturiana”. La Fiscalía varió sus posiciones. Si al inicio del proceso mantenía que era “Goma 2 ECO y vale ya” el explosivo utilizado por los terroristas, en su informe final de conclusiones pasó a señalar que “daba igual” la marca concreta de la dinamita que se hubiera empleado. Este último argumento fue al que se acogieron los tres magistrados a la hora de dictar sentencia.
 
Gómez Bermúdez ordenó a ocho peritos (cuatro nombrados por las partes y otros cuatro oficiales) que repitieran los análisis.
 
Lo único en lo que estuvieron de acuerdo fue en afirmar que no se puede saber que estalló en los vagones de Cercanías. Mientras que los oficiales se agarraron a la teoría de la contaminación, los designados por la partes insistieron en que la presencia de DNT y nitroglicerina en la única muestra que no fue lavada con agua y acetona descartaba la Goma 2 ECO. Pero sólo era posible, según los técnicos oficiales, la contaminación ambiental, producida en el habitáculo donde se guardaron, al entrar en contacto con explosivos que sí tuvieran esas sustancias. Pero esto chocaba de plano con lo declarado por la química de los Tedax, quien afirmó que guardó en un armario sólo los vestigios del 11-M e impermeabilizados con multitud de capas.
 
Los cerebros, sueltos, y el arma homicida sin identificar
 
El proceso judicial quedó visto para sentencia el 2 de julio. Al final, los procesados se redujeron a 28, ya que uno de ellos, Brahim Moussaten, quedó absuelto al retirarle los cargos la Fiscalía. Otro, Mahmud Slimane, fue puesto en libertad provisional en septiembre por haber cumplido tres años de prisión preventiva.
 
El fallo se hizo público el 31 de octubre. El encargado de leer un resumen fue Javier Gómez Bermúdez. La sentencia no despejó la duda de quiénes eran los autores intelectuales de la masacre. Los tres apuntados por la Fiscalía, "El Egipcio", El Haski y Yousef Belhadj, no fueron considerados así por el tribunal. De hecho, Rabei Osman resultó absuelto. Tres fueron los que se llevaron la carga total de las condenas: Jamal Zougam, Otman el Gnaoui y Suárez Trashorras. Los dos primeros son considerados autores materiales de la masacre y el segundo, cooperador necesario. El resto de autores de materiales, según la sentencia, fueron los suicidas de Leganés.
 
Sólo a otro acusado, Hamid Ahmidan, se le impuso una condena superior a los veinte años de prisión. Sorpresa causó la reducción espectacular de pena a Rafá Zouhier. También destacaron las absoluciones de Antonio y Carmen Toro, cuñado y ex mujer de Suárez Trashorras respectivamente.
 
Además, la sentencia dio carta de naturaleza a las principales pruebas presentadas por la Fiscalía. Sobre la Renault Kangoo, arrojó contradicciones entre los “Fundamentos” y los “Hechos probados”. Y del Skoda Fabia, el tribunal no considera probada la tesis de la Fiscalía, según la cual los terroristas lo utilizaron, junto con la furgoneta, para trasladarse a la estación y colocar las bombas. Sin embargo, no dio ningún tipo de explicación de quién colocó ese vehículo tres meses después de los atentados en las inmediaciones de la estación de Alcalá de Henares y por qué motivo. A la mochila de Vallecas la consideró totalmente válida. Aunque habló de "descoordinación", que "habrá que corregir en un futuro", la cadena de custodia también está en esta ocasión acreditada, a pesar del “periplo extravagante”.
 
Sobre los explosivos, la sentencia señaló que está claro que el explosivo de Leganés es Goma 2 ECO, pero que no se puede acreditar exactamente lo que estalló en los trenes, aunque a pesar de ello añadió que está probado que se sustrajo de Mina Conchita. Asimismo, se alineó con la última tesis expuesta en el juicio por el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza. "Da igual el explosivo que se utilizase" para perpetrar la masacre, porque hay suficientes pruebas a parte de ésta.
 
Aunque muchos quisieron leer en la sentencia un varapalo a la “teoría de la conspiración”, lo cierto es que el fallo no dio la razón a la tesis oficial en cuanto a los autores intelectuales se refiere, y tampoco vinculó la mantaza a la guerra de Irak o a Al Qaeda. No obstante incurre en serias contradicciones, como la de las bolsas de la Kangoo o las tarjetas de móvil que habrían utilizado los muertos de Leganés para despedirse, tal y como puso de manifiesto Luis del Pino. Sobre este último punto, el tribunal se vio obligado a rectificar en un auto, que, no obstante, seguía arrastrando errores.

Por Olivia Moya