De la crisis subprime al supercrash

Por Manuel Llamas

La crisis de las hipotecas basura (subprime) estalló en agosto de 2007 en EEUU, tras el derrumbe de los productos financieros que estaban respaldados por créditos de muy baja calidad y elevado riesgo, debido al elevado perfil de insolvencia que presentaban los hipotecados y un penosa actuación por parte de las agencias encargadas de evaluar el riesgo de estos productos.

Sin embargo, el derrumbe de este tipo de titulizaciones (emisión de deuda crediticia) subprime demostró ser tan sólo la punta del iceberg de la crisis financiera internacional que se desencadenó a lo largo de 2008. tras la caída de las subprime, la morosidad se trasladó a las hipotecas de calidad media y, poco a poco, se ha ido trasladando a todo un abanico de productos financieros. Así, lo que, en principio, era una situación cultural y transitoria a comienzos de 2007, acabó convirtiéndose en la peor crisis desde la II Guerra Mundial.

Ni las rebajas de tipos de interés en EEUU ni las masivas inyecciones de liquidez de la FED y el BCE lograron atenuar los terremotos económicos que atenazaron al mercado financiero internacional desde agosto del pasado año. De hecho, los problemas se agravaron por momentos. La clave radica en el diagnóstico: No es una crisis de liquidez (falta de dinero y crédito) sino de solvencia, debido a la acumulación de deuda de muy baja calidad y alto riesgo.

La actual crisis crediticia tiene su origen en la laxa política monetaria de los últimos años propia de los bancos centrales. Los bajos tipos de interés permitieron a multitud de prestatarios de dudosa solvencia acceder al crédito necesario para realizar grandes inversiones (tanto inmobiliarias como empresariales) que, en la actualidad, se han demostrado insolventes o poco rentables.

El “exceso de liquidez” de antaño se ha convertido en una restricción del crédito internacional. En esencia, los reguladores centrales han incentivado un abultado endeudamiento sin el lógico respaldo de un ahorro previo.

El origen de la actual situación obedece al abuso de una estrategia seguida por las entidades de crédito, consistente en un arbitraje ilícito entre el tipo de interés en los mercados de capitales y el tipo de descuento de los mercados monetarios. Es decir, endeudarse a corto plazo e invertir a largo.

De este modo, los saldos líquidos se inmovilizan en proyectos de maduración demasiado tardía en relación con los pagos periódicos requeridos por el servicio de la deuda. El problema radica en la expansión crediticia puesta en marcha por los bancos centrales, a base de fijar artificialmente tipos de interés muy reducidos.

Lo que, en principio, tan sólo afectaba a la titulización de hipotecas basuraen EEUU a través de complejos vehículos financieros, se ha ido extendiendo progresivamente por todo el sistema financiero, hasta el punto de llevar a la quiebra a numerosas entidades de crédito como el banco de inversión Bear Stearns en EEUU o el Northern Rock en Reino Unido.

El virus que ha provocado la política monetaria expansiva de los bancos centrales amenaza ya a varios frentes, tanto hipotecas (subprime, alt-A, option ARM, prime y comercial), como deuda al consumo, deuda empresarial (en forma de bonos especulativos), tarjetas de crédito o deuda pública. La crisis de solvencia crediticia se intensificó en 2008, y sigue amenazando con provocar nuevas quiebras bancarias en el futuro. Con el paso del tiempo y de la crisis, los principales analistas y organismos internacionales terminaron por equiparar la denominada inicialmente crisis subprime con el crack financiero de 1929 en EEUU. ¿Crisis sistémica?